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De Quimeras y Ensoñaciones

El último romántico

El último romántico El conformista no abre pistas, no abre senderos, no enciende candelabros de latón. Juega a ser ratón mundano viajando en trenes atestados, rutas marcadas, vidas ya vividas, anodinas, taciturnas, diurnas, comida servida en platos de cristal sobre manteles bordados, usa tenedor, corbata, no lleva batuta en las manos, escucha sin oír la música de fondo. No sueña. Piensa.
Me rindo. - Sueño con ser rebelde-
Dejo caer los brazos al suelo. - Sueño con abrazos-
Tiro la toalla. - Sueño con playas lejanas-
Claudico. - Sueño con emperadores romanos-
Me resigno. - Sueño con bosques de pinos y olor a resina-
Desisto y sin embargo sé que existo, que escribo, que estoy vivo, que respiro.
Le escribió una carta del otro lado del mar y le dijo “nono”.
Vaya, una negativa al cuadrado. Reiterativa, repetitiva, hummm. Dos en un ascensor. Pero no. No es eso. Se olvidó de colocarle el sombrero de paja sobre la cabeza, robado al espantajo del campo de maíz, se olvidó colocarle la golondrina que vuela en mis dibus de niño. Pintaba golondrinas en el cielo mejor que nadie, llenaba hojas enteras de golondrinas sobre cielos azules, cielos con nubes, cielos con soles, y … nunca lo hice sobre cielos con luna, ni sobre cielos estrellados, siempre sobre un papel en blanco.
En la noche podría haber pintando gaviotas blancas sobre fondo negro, ó encendidas luciérnagas volando, ó hadas campanillas, ó peces abisales con luces fosforito, pero no sabía más que dibujar golondrinas azabaches, endrinas, carboníferas y ahora en la carta recibida las echaba de menos. Estos chismes modernos que nos marginan a lo poco que nos descuidemos, nos olvidan, nos constriñen y eliminan nuestro acervo popular, sin más, usan plantillas basadas en letras foráneas, bien, bueno, con lo que me gustaba dibujar golondrinas, volveré a hacerlo, pero no prometo ser el mejor, retomaré mis lápices de colores, recortaré la palabra del folio impreso, pues es bobería pintar en la pantalla, y la pegaré en una cartulina blanca, esa palabra doblemente negativa, tu nono, y le dibujaré golondrinas encima:
ñoño ñoño ñoño.
Suena lindo, ¿eh? . ¿A que esta mona la n con una golondrina encima?
¡ Qué no ¡ . ¿Qué estarán pensando ustedes? . No. Ñoño no es con c.
Nonería. Suena a bulería, a heladería, a Noé riéndose en su arca.
Ñoñería, ñoñería. ¡Ele! . Y sigue siendo sin c. Qué no es coña, ni coñería ni cañería ni tubería, ni nadería. Es Ñoñería.
Algunos programas de ordenador eliminaron la ñ, en sus plantillas, e incluso en sus teclados y aunque hay atajos, hay quien en sus escritos no sabe meterla … No sabe meterla …
¡Qué sigue siendo sin c ¡ ¡ Ay que ver ¡ Siempre pensando en lo mismo.

Me gusta la palabra ñoñería. Perales tituló una de sus canciones : “me gusta la palabra libertad” .Y que coñe, me gusta Perales y si quieren, pues táchenle ustedes de ñoño.
Quiero seguir pintando golondrinas sobre papeles en blanco.
Quiero seguir siendo el último romántico.
Mirar los peces de colores nadando entre la rocalla del estanque, un pececillo de color rojo flota sobre el cristalino mar chiquitín a los pies de la catarata artificial, de la cascada, salpicarme con las gotas de agua dulce que chisporrotean sobre la piel sudada y acalorada, meter mis pies descalzos, chapotear, oír cuchichear, y hacer invisibles las palabras de mentes cabales que nunca rompen normas, ni se bañan en fuentes con peces de colores, ni se tumban sobre la hierba de los parques, sintiendo las hojas sobre las piernas de piel desnuda al aire, la espalda apoyada en un tronco de chopo, la gente que pasa, el sueño que ataca. La sirena de una ambulancia que rompe le murmullo de voces de la mañana, es la cruz roja que pasa. Alguien que canta una canción infantil y hace teatro de sombras con los brazos en jarras:
Soy una taza, una tetera, una cuchara, un tenedor.
Soy un cuchillo, un plato hondo, un plato llano y un cucharón.
La batidora.
Seguiré dibujando golondrinas.
Retozando por los suelos.
Visitando templos de paredes de ladrillos de cara vista y cruz de roble sobre la que reposa un cuerpo semidesnudo, por encima del altar. Un silencio que te envuelve. Un peregrino que descansa sobre el último banco de la estancia, escudriñando con sus ojos la obra humana, ¿Dónde quedará la divina? . ¿En la palabra? . ¿En la palabra humana?
Sobre el techo anidan vencejos, persiguiendo insectos, en alocadas piruetas que rompen el silencio de la noble casa. Son románticos que se cuelan en las escuelas sin mostrar la identificación al padre prior, rompiendo esclusas, soltando amarras, vertiendo aguas por las compuertas de las presas, presas que se liberan, presas que escapan de las redes que las atrapan. Qué se cuelan entre las rendijas de las compuertas abiertas, se lanzan en cascada, al vacío, con el salto del agua y siguen el curso del río hasta llegar a la mar.
Después de las golondrinas, lo que mejor sabía dibujar, eran peces, pero tan sólo dibujaba uno, golondrinas en el cielo, miles, peces y por ende, fuera del agua, uno. Nunca dibujé bancos de peces. Me asfixian. Me falta el aíre. Pero no les temo, me gusta contemplarlos a todos ellos, obedeciendo, se mueven en manadas, todo ellos vestidos iguales, al son de estímulos externos, materiales. Hay veces que me los encuentro en el camino y charlo un ratito con ellos, sé que los necesito, pero son tan iguales, tan anodinos, danzando siempre al mismo ritmo, las mismas modas, las mismas cosas a las mismas horas, haciendo cola con cola para no perderse, que me aparto a un lado, tomo otro camino y me pongo a dibujar golondrinas en cartulina, ellas son como yo, cada una sigue un camino, en zigzag, propio, no dictado, no de bancada de mar, y están siempre cruzándose sus caminos, los mismos, pero a la vez distintos.
A veces me pregunto, si no seré el último romántico. Ó tan solo, un ñoño de tres al cuarto, al que le gusta la palabra ñoñería, y pintar y ser como las golondrinas.

José Luis Perales:
Me gusta la palabra libertad:

Prefiero ser caminante a ser camino,
ser libre a ser esclavo,
ser beso a ser puñal.
Prefiero un campo de hierba mojada
a un campo de batalla
que huele a soledad.
Prefiero la luz del sol
al negro de una mirada,
prefiero una risa blanca
al dolor.
Prefiero ser soñador
a ser matador de sueños,
prefiero volar a ser cazador.
Prefiero un vuelo blanco de palomas,
sombra y luz,
tierra y mar,
me gusta la palabra libertad.
Prefiero ser temeroso a ser temido,
ser lluvia a ser estío,
ser campo a ser ciudad.
Prefiero ser noche clara de luna
a ser la noche oscura
que mata la ansiedad.
Prefiero la luz del sol...
Prefiero ser caminante a ser camino...
Prefiero un campo de hierba mojada...
Prefiero la luz del sol...
Prefiero la luz del sol...

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